lunes, 11 de abril de 2016

La ecovela




Hace días que se apagó la llama. Intenté retenerla lo máximo posible pero no hubo manera: aquella persona seguía ignorando las señales. ¿Cómo osaba?

Tras días haciéndome la interesante, tras trayectos insinuando que mis libros eran más entretenidos y que la música que escuchaba me relajaba más que verle permanecer de pie, de repente, decidió sentarse a mi lado.

Es difícil explicar por qué sucedió. Quizá sintió que se estaba consumiendo la mecha de nuestra magia, pero la pelota volvió a saltar a mi tejado, que en realidad es de donde había salido. Estaba alimentando una bestia, estaba hechizando a un extraño para que tarde o temprano se diera cuenta que todo había sido parte de un juego adolescente.

¿Y qué? Sólo pretendía crear historias, hundir la huella por donde pasaba. Y si tenía claro que yo no era de las que dejaba marca a la primera de canto, en mi interior sabía perfectamente que más bien era como esa fina lluvia que cuando te das cuenta ya te ha mojado.

Y el hombre sin rostro carraspeó. Como siempre hacía cuando estaba cerca... desde el día que se cortó el pelo. Él desconocía que la ecovela era una vela infinita.

martes, 22 de marzo de 2016

Dime Ángela...

Dime Ángela...
¿Qué crees que hace Carlos cuando tiene tiempo libre?
¿Crees que va al gimnasio y hace spinning? ¿Crees que se toma una copa de vino mientras lee algo en el sofá o crees que saca a pasear a su perro? Porque seguro que tiene un perro.
¿Es feliz? ¿Se preocupa por los demás? ¿Le gusta su trabajo?

Dime Ángela...
Si tú tuvieras que adivinar qué número es Carlos, ¿qué dirías?
Porque parece un 1 pero creo que no lo es...

viernes, 26 de febrero de 2016

Ojo de estaño

Hace tiempo que no escribía. ¿Por qué hoy? Quién sabe. Quizá estoy a punto de cumplir los 30 y una sensación de nostalgia me invade. Nostalgia... Quien dice nostalgia dice recuento.
Hoy he escuchado viejas canciones que me han transportado a momentos que han quedado atrás, compartidos con personas que han quedado atrás de forma necesaria. Gente que no te ha hecho especialmente bien pero tampoco profundo daño, y que por alguna extraña razón eres capaz de guardar en tu memoria con cariño. Más por lo que te enseñaron que por lo que significaron.

Llevaba mucho tiempo sin mirar atrás y creo que he hecho bien en hacerlo. Porque a veces hay que mirar atrás para ver con claridad lo que tienes ahora y lo que posiblemente tendrás mañana.

Y mientras escuchaba música he pensado...

For a minute there, I lost myself.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Sin importar lo grande que sea la copa...

 
 
 
Queríamos intentarlo, ¿por qué no?
Por una vez en la vida queríamos tratar de jugar a ser dioses.
 
 

 
 
 
 

sábado, 14 de septiembre de 2013

This too shall pass*

 
 
Es difícil saber cuando algo cambiará, o cuando pasará una etapa de tu vida. A veces queremos que el tiempo se detenga donde está y que nada se mueva del sitio donde tanto nos ha costado ponerlo; otras veces deseamos con todas nuestras fuerzas que las cosas evolucionen y que no se queden estancadas, que el tiempo las desgaste y cree nuevas. Pero no podemos hacer planes sobre nuestro futuro. Porque si bien es cierto que todo cambia, que nada es permanente, la vida nos sorprende poco a poco con pequeños movimientos en el tablero que resultan totalmente impredecibles.
 
Lo más sensato sería vivir día a día con prudencia, con perspectiva, pero sin obsesionarte con un futuro cercano o lejano. Es conveniente planificar, tratar de ser feliz con menos y adaptarse a las circunstancias. Porque es complicado saber cuál es la mejor forma de hacer las cosas cuando uno no sabe de esos movimientos fortuitos de la vida. Pero sí sabe cómo hacer las cosas ahora, para la situación actual.
 
 


Así que me doy un pequeño consejo: ya que esto también pasará, trata de disfrutar las cosas buenas del ahora, así como disfrutarás las cosas buenas del mañana. Sean cuales sean. Cambien cuando cambien.

lunes, 12 de agosto de 2013

Lunas que se encuentran


Soñé. Soñé que se hacía de noche y todo quedaba bañado por una tenue luz. Las estrellas se veían pequeñas y brillantes; parecía que bailaran al son de un conocido vals a mi alrededor. En esa profunda noche soñé que tenía una amiga, una amiga que no se atrevía a mostrarse y que permanecía oculta tras un manto negro.
 
Conseguí sacarla de allí. Me costó mucho, su miedo a la exposición la ponía nerviosa. Conseguí que diera el primer paso, conseguí que bailase con las estrellas, que brillase [con luz propia]. La cogí del brazo, la arrastré, la empujé al cielo negro y le dije: "es tu momento, nena".
 
Costó, lo reconozco. Fue difícil verla desenvuelta; fue difícil que se redescubriera, que olvidase lo que la rodeaba y disfrutara como pez en el agua. Fue difícil verla vivir su vida sin miedo a fracasar, al ridículo, a ser como era. Pero cuando se miro dentro y vio lo que había, sólo tuvo que aceptarlo para saber que era el momento de sentirse fuerte cada día y luchar por ser uno mismo.
 
Estoy muy orgullosa de ella. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Pero no estoy segura de ser tan fuerte.
 


Y después de los años no dejó de sorprenderme. La descubrí mintiéndome. Me dijo que no podía contarme el motivo, que era de esos secretos que uno lleva guardado dentro de un baúl con llave y que la llave se ha perdido. Y me dijo que no me preocupase, que ella estaría conmigo siempre aunque no nos viéramos. Me mintió. Ya no la veo por las noches, ya no me hace compañía, sólo estoy yo. Y ahora, con el recuerdo de ella luchando, no sé realmente si soñé que yo era yo, y ella era ella, y en realidad no dejábamos de ser lo mismo.

Para Bea, que escribe de noche, como las lunas. De Isa, que ahora escribe de día porque no para de soñar. Dos lunas que se encuentran pero que en realidad son la misma.

martes, 2 de julio de 2013

Reforma integral

Reformar un piso es como reformarse a uno mismo de una forma consciente: difícil. No consiste en ir montando poco a poco de pequeños detalles algo sino decidir todo antes de tener una base. Uno debe tenerlo todo controlado, debe informarse sobre todo y debe escoger bien, sin equivocarse.
 
Cuando llevas ya un par de meses decidiendo e ideando, cambiando de opinión constantemente, y al final crees que tienes la idea final de tu casa, de tu persona, debes elegir cuando llevarlo a cabo. El momento es importante. Ya has escogido las baldosas, la grifería, los muebles, donde irán los enchufes... y lo que menos te preocupa es de qué color teñirás las paredes. Quieres que empiece ya todo, que se ponga en marcha. Estás preparado para la transformación.
 
Reformar una casa es caro; reformarse a uno mismo es entretenido. No es algo que puedas hacer en unos meses, requiere un período de tiempo mucho más largo y es necesario trabajar en ello día a día. Me gustaría pensar incluso que es posible reformar todo de uno mismo, pero creo que hasta los cimientos de una casa son más tratables.
 
Para ambas cosas... paciencia y buena letra.