jueves, 16 de febrero de 2012

Jaula de papel

Something is changing. Puede que yo, puede que todo a mi alrededor... Un sólo buf y las casas de papel se desmoronan. Y nos obsesionamos con protegerlas del viento pero viven bajo el infierno de muchas más amenazas: la lluvia, el fuego y el aburrimiento. Y una vez se consumen, Ikea no te proporciona una lámpara de papel nueva: todo tiene un precio.

No importa cuánta protección le compres a tu contenedor de alma, hay muchas cosas que pueden agujerearla: tus lágrimas al irte a dormir, la ira de tu puño, una caída, un apoyo tonto o una risa muy estridente. Cuida tus emociones, bloquéalas, y en estos momentos de cambio compártelas contigo mismo.



La lucha por la paz interior no ha cesado, por eso no vivo en una casita de papel, vivo en una jaula blindada de hierro de donde nada sale y donde nada entra.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ability

There is a light that never goes out... Siempre había pensado en esta frase como un brillo de esperanza y hoy he visto los múltiples significados que se le pueden dar. Ahora lo veo. Hay cosas que permanecen dormidas, que las mantenemos así hasta que alguien hace demasiado ruido y se despiertan. No podemos eliminarlas, no podemos matarlas ni hacerlas desaparecer porque ello supondría la desaparición de sus contrarios. Si no sabes amar no sabes lo que es odiar. Es por eso que deben permanecer dormidas. La agente Dunham ha apagado las luces con su mente debido a la presión que suponía que permanecieran encendidas pero no siempre es tan sencillo. Hay luces que nunca se apagan. Saber vivir con eso es saber que no todos los días va a haber una sonrisa en tu rostro, sino que seguramente su contrario va a estar persiguiéndote para equilibrar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Equilibrio

Parece mentira. Sufres tantos cambios en tu vida que apenas percibes porque son progresivos, porque van dándose poco a poco y eres capaz de asimilarlos y, de repente, la inestabilidad se adueña de tu vida trastocándote, haciendo agitar las olas de tu sangre en un ir y venir de acontecimientos distintos. Es entonces cuando te das cuenta que nada permanece para siempre.

Pero a veces esa época se marcha, como vuelven las olas al mar tras su fugaz siesta en la arena. La estabilidad vuelve, el silencio se hace y el camino parece bastante fácil para poder avanzar...

Nada permanece para siempre pero cuando se nos da esa tregua conviene aprovecharla al máximo.

viernes, 14 de octubre de 2011

The Dark Passenger



Hay pensamientos oscuros en todos nosotros. Algunos los vemos, otros no. Admitir que hay ciertas cosas dentro nuestro que no van a cambiar por mucho que lo intentemos es la clave; vivir nuestra vida según lo que somos, en lo que nos hemos convertido. Tratar de matizarlo, perfeccionarlo. Pero no convertirlo en algo diferente.

Funciona así también con los demás.
Admitir que no van a cambiar; que tras sus rostros apacibles y su actitud renovadora existe lo mismo de siempre. Es estúpido intentar engañar a los demás escupiéndose encima una falsa sensación de bienestar. Que se la traguen, porque yo no. Nadie sonríe para siempre...

No podemos jugar con aquellos que no tienen el mismo tablero... con aquellos que quieren usar tus mismas fichas. Conviene hacerlos desaparecer.

sábado, 20 de agosto de 2011

Como no sentirse solo en Dune

Hace seis libros que descubrí a Dune. A veces no hace falta tener un motivo muy grande para empezar esta gran aventura; simplemente se te presenta y decides. Como la mayoría de cosas. Y ahora doy gracias por haberla iniciado.
Con Dune descubres cómo estar sola en el desierto no te hace sentir tan mal y, cómo, a veces, quisieras acudir allí, subir al lomo de un enorme gusano y gritar: "No necesito nada más".

miércoles, 4 de mayo de 2011

Metiendo la pata...

Los tiempos cambian... demasiado a menudo. Ya no existe la estabilidad: los jóvenes de hoy luchamos por vivir el día a día, sin pensar si realmente habrá un mañana y qué pasará en él. Por eso somos tajantes al tomar nuestras decisiones y por eso no valoramos lo que se supone debemos valorar. Porque lo que se nos ofrece no es lo que se nos debería ofrecer. Por eso hay más depresiones: porque no asimilamos los cambios que a diario se producen en nuestras vidas, porque nos gusta, como a la mayoría tenerlo todo atado. Sólo aquellos que asimilan que no hay nada seguro se libran de estas depresiones.

Los tiempos cambian para mí también, que entro dentro de este grupo inestable. Cambio de trabajo cada tres meses, hago entrevistas como churros que sé que no me van a gustar, me hago un esguince bajando las escaleras del metro... estas cosas pasan. ¿Y sabéis qué? No me importa lo más mínimo. Porque aunque debería valorarlo, no lo valoro. Porque me dan cosas que no deberían, me dejan los restos de lo que otros comen, soy lo último de la cadena.

Los tiempos cambian para todos: para nuestros padres, que nos tienen en casa hasta que decidimos que estar debajo de un puente nos honra más; para nuestros abuelos, si están vivos, que criarán los perros y gatos que tengamos cuando queramos irnos a la vuelta de la esquina de vacaciones; para nuestros amigos, que con la inestabilidad compartida quizá no nos encontremos nunca en la posibilidad de organizar nada grande juntos; para nuestras parejas, que vivirán a remolque de nosotros y nosotros de ellas.

Los tiempos cambian, sí, y yo aquí estoy... haciéndome con un par de muletas para caminar. Porque quién sabe, mañana quizá pueda volar.

jueves, 24 de febrero de 2011

Lucha de neuronas

Luchaba por romper con lo establecido, por pensar fervientemente "esta vez no" y dejar de creerse al momento: mientes muy mal, Sally. La miraba a los ojos y los veía tan vacíos de las cosas de las cuales deberían estar llenos y tan a rebosar de fatalidad, odio y contradicción; sus ojos luchaban por salir de ella, pues tal era el infierno en su interior que huir era la única forma de sobrevivir sin secuelas.

- Sally, ¿estás bien?
- No, no estoy bien. ¿Acaso no lo ves? ¿Acaso no me has visto dejar de sonreír?
- No tienes remedio, Sally; lo siento, te has vuelto una desquiciada. Siempre lo has sido, y has intentado esconderlo esperando que nadie se diera cuenta. ¿Todo lo anterior? Es un ciclo, un círculo que te empeñas en vivir una y otra vez. Tus historias, tus ralladas... no es la primera vez, y lo sabes. Y cada vez piensas que es distinto y te das cuenta que no paras de dar vueltas, perdida en medio de las tinieblas, esperando que algún día caigas desmayada al suelo del mareo o mueras. No valoras nada, cariño, eres humo... humo negro.
- Tienes razón. ¿Pero quién me va a quitar este nudo del estómago? ¿Quién va a entender lo que pasa dentro de mí? No, Harry, esto no puede sacarlo nadie excepto yo. Porque si tú intentas solucionarlo te vas a manchar de la retroalimentación: te vas a marear... tu cabeza no está acostumbrada.
- ¿Qué debo hacer entonces? ¿Marcharme?
- No, sólo permanece callado a mi lado hasta que yo acabe de llorar y te pida que hables.

Y allí me quedé, a su lado. Pero nunca me lo pidió. Al cabo de los años, me dijo:

- Harry, ¿me quieres?
- Te quiero, Sally.
- Sí, ahora lo sé.

Y entonces entendí que lo que le habían herido siempre eran mis palabras, aquellas que yo había pretendido escoger como algodones, como flores, como caricias y a ella se le habían clavado como puñales, creando unas heridas imposibles de cerrar.