martes, 6 de octubre de 2009

El amor es una puta mierda

El amor es una puta mierda; un sentimiento de usar y tirar. Puedes sentir odio hacia alguien toda tu vida pero no puedes estar enamorado toda tu vida. El amor es sólo el preludio del amo]r[utina, el no estar solos, el no sentir vacíos.

El amor es el anti-yo por excelencia, el dejar de ser uno mismo...

jueves, 1 de octubre de 2009

Tolerancia Vs Igualdad

A raíz de hablar con mi madre acerca de un libro que se titula "Traición"

Diría, y aunque no soy nada entendida en historia ni en sociología, que siempre, en todas las épocas habidas y por haber, se ha intentado simplificar la sociedad a través de unos patrones concretos, tan determinados que hacen a las personas iguales. En muchos de los casos se llegan a extremos, defendiendo (si así se le puede nombrar a la lucha radical por unas cuantas chorradas) las razas, las religiones, las clases sociales, etc.

Ahora todos vestimos igual, nos peinamos igual, comemos lo mismo, vamos a los mismos sitios y hablamos de la misma forma. Estupendo. Nos sentimos integrados, nos comprendemos unos con otros mínimamente, vemos las cosas de la misma manera (¿?). Pero en todo hay un pero. Este pero es el de "pero no podemos desarrollar nuestra persona cuando nos relacionamos con gente que es casi totalmente igual a nosotros".

Relacionamos igualdad con tolerancia cuando no siempre una se debe a la otra. Puedo sentirme en igualdad de condiciones que cualquier otro siendo diferente. Puedo estar integrada en cualquier lugar siendo diferente. 

No necesito peinarme como vosotros, ni vestir como vosotros, ni comer lo que coméis. No necesito usar vuestras palabras siempre, ni seguiros la corriente, ni siquiera daros la razón: podemos discutir un rato, sin problemas. No necesito pintarme de vuestro color, ni rascarme el mismo brazo que vosotros. Tampoco reírme de los mismos chistes, ni vomitar la misma mierda. Puedo odiar lo que hacéis y decíroslo, puedo llevaros la contraria y escupiros en la cara lo que pienso. No necesito usar los mismos programas que vosotros, ni estar en Facebook. Obviamente, no necesito ser vosotros.


martes, 29 de septiembre de 2009

Yo he imaginado un mundo...


Yo he imaginado un mundo donde la gente duerme de pie pero sin tocar el suelo; donde los libros se meten en las cabezas de los demás y la llenan de sueños. Un mundo donde sólo existen decepciones, donde se merma la esperanza y la ilusión.

Yo he imaginado que las canciones son trozos de nuestros corazones rotos flotando en forma de ondas; donde el aire que respiramos no son más que suspiros de aquellos que se cansan de esperar y deciden quitarse la vida.

Yo he imaginado agua hirviendo cayendo sobre mí y quemando mi piel poco a poco; he imaginado que incluso las personas dejaban de tener un precio y pasaban a no valer nada. Las plumas pesaban como piedras y las piedras volaban entre los muertos.

Yo he imaginado que me reventaba los nudillos de pegarme a mí misma; que me destripaban sin anestesia y que las luces se hacían cada vez más intensas...


... hasta cegarme.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La vida es... simplemente


A ti nunca te lo diría...

¡Buenos días, princesaaa!


miércoles, 23 de septiembre de 2009

Santos Cuerpos "Corruptos"

Una cosa que nadie debe perderse en Roma, ya sea por ocio, morbo, diversión o devoción, son los papas incorruptos. Esos cuerpos que no se pudren con el tiempo (al contrario de la mayoría) debido a un proceso de embalsamiento que nadie dice y que, por ese motivo, muchas personas creen que por milagro de Dios son eternos.

Qué "santa" manía de querer conservar la forma física. ¿No va en contra eso del alma, de la libertad, del más allá y de todas esas idioteces?

Lo importante en este caso no es creer: lo importante es que en la Basílica de San Pedro tenemos varias urnas donde se encuentran algunos de estos cuerpos. Gente como yo se dedica a hacerles fotos, otros simplemente los miran con admiración.

A continuación hay una selección de algunas fotografías: el segundo sí que sé que es Juan XXIII pero el resto no me preguntéis, especialmente el primero, que incorrupto incorrupto no estaba... un poquito negro.





miércoles, 16 de septiembre de 2009

Por qué te quiero en 65 palabras.


Te quiero porque creo que entiendes cómo soy. Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar. Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía. Te quiero porque me preguntaste cuántos años tenía cuando murió mi padre. Y eso nadie me lo había preguntado jamás. Te quiero tanto que me gustaría…

-          - ¿Qué te gustaría?

-         - No lo sé, no lo he podido escribir. Se me agotaron las palabras, 65 son muy pocas, ¿no?



MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA… Consiste en no repetir tantas veces te quiero en lo que escribes. Así podrías decir qué es lo que te gustaría.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Vacío

He estado pensando un poco acerca de los sitios que nunca vemos vacíos. Esperamos, por ejemplo, que la sala de un concierto de Springsteen esté llena; o una discoteca un sábado por la noche; el Camp Nou en un Barça-Madrid; o las Ramblas... siempre.

Miles de energías flotando a la vez encerradas en una misma jaula compartiendo experiencias que un día se convertirán en recuerdos. Y sin darse cuenta, crean lo que son los mejores años de su vida en esos habitáculos; años que luego recordarán con melancolía: "Pf, pues no me pasaba yo horas allí", "Era mi segunda casa"...
Hablamos de esos sitios como si fueran templos que alimentaron nuestra existencia durante períodos completos. Como si, sin ellos, no hubiera sido posible ser quienes somos, sino otras personas distintas, forjadas de otra pasta.

Y un día, esos templos son destruídos para crear otros, otros que ya no forman parte de nuestra existencia: nuevas generaciones. Y aquellos templos son abandonados: lo que un día fueron ya no volverán a ser. El suelo que tantas veces habíamos pisado, la columna en la que tantas veces nos habíamos apoyado, el canto con el que tantas veces nos habíamos hecho un moratón. Ahí están. Tristes, abandonados, olvidados. Sólo el recuerdo de aquellas personas que estuvieron allí lo mantienen vivo.

Otros, como yo, que quizás no estuvieron, lo miramos e imaginamos un momento de ese efímero recuerdo que yace en otras cabezas. Lo imaginamos desde las sensaciones de los que estaban. Y se nos ponen los pelos de punta. ¡Cómo nos gustaría sentir que formamos parte de esos recuerdos! Ser una persona distinta cada día de nuestra existencia: hoy, cualquiera de los que lucharon en la Segunda Guerra Mundial; mañana, un adolescente de los que iba a Pont Aeri; pasado, qué sé yo: quizás pasado simplemente quiera ser yo.